
La primera vez que vi un gimnasio para mujeres fue en el año 2001. En un primer momento pensé lo mismo que la mayoría de la gente: “si en vez de un gimnasio sólo para mujeres fuese un gimnasio exclusivo para hombres, ya tendríamos a un grupo de feministas dando la voz de alarma”. Pero analizando un poco más la idea del centro Curves desde un punto de vista comercial, ya que en ese momento estaba impartiendo un módulo de gestión en el ciclo superior (TSAAFD), acabó pareciéndome muy interesante por su novedad; aunque tenía mis dudas sobre el éxito de esta franquicia en una ciudad como Pontevedra (74.942 habitantes en el 2001).
Durante ese curso escolar los alumnos de 2º tenían que realizar un análisis de la oferta deportiva en la ciudad y, por supuesto, envié a un alumno al gimnasio Curves. Tenía claro que debía ser un chico, porque algunos de los aspectos que tenían que valorar eran la información inicial y el trato que se le daba al cliente. La verdad es que el alumno resolvió muy bien las reticencias iniciales (a Gary Heavin, el creador de los centros Curves, le negaron la entrada en un centro de Japón por ser varón) al indicarles que estaba buscando información sobre ese centro porque deseaba regalarle la inscripción a su hermana. Leer el resto de esta entrada »




